¡Comenzamos! 15 Febrero 2019

-¿María? ¿Hola? ¿Nos puedes ver? ¿Nos puedes oír?

-¡Sí, sí! ¡Perfectamente! ¡Con el móvil la conexión va fantástica!

-¡Genial! ¡Nosotros también te vemos y oímos súper bien!

-¡Ok! Dadme 15 minutos para que ensayemos algo en la habitación.

-¡Estupendo! Te volvemos a llamar en 15 minutos para que os organicéis en la Arrixaca, aquí en el Conservatorio ya estamos preparados.

-¡Perfecto! ¡Adelante pues! ¡Que empiece 'Conectamus'!

Como vamos perdiendo día tras día la capacidad de asombro, quizá este diálogo os suene a poca cosa; pero lo cierto es que esta sencilla conversación, transcrita con espíritu cariñosamente esquemático, fue el envoltorio frágil y transparente de una experiencia comparable -yo diría- a esa primera radio que llegó al pueblo de mi padre… o al primer hombre que se paseó por el espacio exterior por las mismas fechas que aquella primera radio, luego a luego.

Era un revoloteo de poner y quitar cables, de avisar a unos y a otros, de mirar el reloj, la pantalla, la cobertura, preguntar por aquí y allá, silencios expectantes y miradas atentas. Trajín propio de esos eventos, que ahora así los llaman y de los que todo el mundo habla luego.

Y es que -¡por fin!- pusimos en contacto por videoconferencia a los chavales del Conservatorio con los de otros colegios de la Región que están hospitalizados en la Arrixaca. Un contacto para hacer música juntos, de toques s@nadores, de saludos, acogida y afirmaciones, que es bueno que cuidemos unos de otros con tacto, con mucho tacto.

¿Que cómo nos fue? Pues ‘moló un montón’ -como decimos los jóvenes de ahora. Hubo bastante de presentación, claro, porque en la Arrixaca querían saber qué clase de ‘artefactos’ eran todos esos chismes que teníamos entre manos: trompetas, trompas, tubas, clarinetes, violonchelos, saxofones, pianos… (como para tener unos vecinos así).

Y a presentación hecha, adivinanza propuesta. Quisimos ver cómo estaban nuestros ‘compis’ del Hospital en el área de repertorio musical preguntándoles si conocían las melodías que tocábamos al otro lado del Puerto de la Cadena. Por ejemplo, a ver si adivináis esta canción…

A la pobre cucarachita la tenemos últimamente algo extraviada, sin las patitas de atrás es lo más normal; no podemos ponernos ahora con ella en plan de exigir: nuestro lenguaje que sea el del amor.

También hubo otro tipo de adivinanzas como las que María hizo con estos botes metálicos que vais a ver a continuación. Se trataba de ver qué tarritos contenían el mismo tipo de semillas, algo así como ‘cada oveja con su pareja’.

Todas las adivinanzas que encontréis por aquí son, por supuesto, muy saludables; porque hay otras que no lo son en absoluto y contra las que os animamos a luchar. Preguntadle a los mayores cuáles son, que seguro que ya les han hecho jugar con unas cuantas.

Una pregunta: ¿Creéis que uno no puede aprender a tocar el saxofón mientras está en diálisis? Pues echadle un ojo al siguiente vídeo, que vais a ‘flipar’:

En fin, mucho trabajo por hacer, ¿verdad?, y muy bonito. Animaos a participar con nosotros porque ‘en sus heridas fuimos sanados’ ¡todos! Sugerencias, comentarios, señales de vida, oraciones, buenos deseos, saludos… cualquier cosa que anime nuestras vidas como el ritmo de este tema de despedida:

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