Impulsos

Cuando estás ingresado en el hospital, los días se pueden hacer largos, muuuuy largos. La medicación, estar rodeado de adultos, no saber muy bien qué te pasa y sentirte débil y frágil, te llevan a perder la ilusión por afrontar cada día como una aventura o una oportunidad de descubrir cosas nuevas…

Este viernes, cuando llegaron los adolescentes al aula y vi sus miradas, pensé: ‘¡hoy vamos a romper las cadenas de la tristeza, del miedo y de la timidez!’

Les expliqué qué era Conectamus y la idea les llamó la atención (pude percibir un pequeño brillo en sus miradas), conocieron a unas alumnas del Conservatorio -a través de una breve videoconferencia- y después “echamos a volar”.

Jugar con el paracaídas nos regaló momentos de risas, movimiento fluido, descubrir que la música está llena de diferentes pulsos… Pero lo más importante fue que nos permitió conectar como grupo, la complicidad empezó a surgir espontáneamente y, además, pudimos conocer nuestros gustos musicales, desde Adele hasta música de anime japonés, pasando por Beret con su “Vuelve”.

Sin duda fue una sesión fabulosa, donde las cadenas se transformaron en lazos de unión entre seres humanos.

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